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Escurridizo
Escurridizo

El ojo de un líder - Historias de Runaterra - 002

"Toda buena historia merece ser contada a su tiempo" Y para los que deseen comenzar a hacer sus conexiones y teorías, verán que esa frase puede tener más de un significado a los ojos del destino. De momento me alegro mucho de poder saludar a la comunidad en estas fechas, y dejarles una pequeña sorpresa al final de lo que esta por venir en una de las secciones de mi proyecto, pero espero que lleguen a eso después de acompañar a Arknas en un pequeño viaje de sentimientos. Claro que no quiero entretenerlos mucho, así que los dejo con la historia y una pregunta: ¿Se creen dueños de su propio destino? Si me preguntan a mi, creo que sí. Pero de momento recuerden que si quieren seguir mi trabajo está la página de Facebook , también está mi DeviantArt y el correo oficial: leyendasanonimaslol@gmail.com.

Campeón: Arknas, El poder sellado - Campeón - 002 

Créditos a Deadark1982

 

El aire está impregnado de nieve y ceniza, y mi brazalete apenas se asoma entre las esquirlas del metal recién fracturado tras el último disparo, que quemó a través del refuerzo metálico y la madera con un calor intenso cubierto de una bruma negra, casi tan rápido como la aparición de los múltiples enemigos cubiertos por la niebla y la penumbra de aquella noche o el fuego negro que consumía el bosque tras nosotros, seguido de un silbido lejano que alertó a todos los enmascarados a correr conforme se acercaban a territorio noxiano desde la frontera de Fréljord, cubierta por el bosque seco. En otras circunstancias eso hubiera sido solo un despiste menor por parte de los guardias del último pueblo en que nos detuvimos o incluso los guardias noxianos al que no le hubiera tomado importancia, pero con ellos se alejaba un objeto preciado de la tribu bajo el futuro nombre de “Oráculo de Sonthia”, o cómo la reconozco mejor: “Ishia”. Durante ese segundo ralentizado por la adrenalina, no puedo pensar con claridad, solo sé que mi gente se preocuparía por el fuego siendo el desastre mayor, y unos pocos irán tras nuestros atacantes, pero apenas se despejaron los ojos enemigos de mi posición, sabía que era el momento y tomo un impulso hasta llegar al techo del carruaje que había convertido en mi cobertura, para divisar a lo lejos vistazos menores de sombras clandestinas rápidas como el paso borroso que se plasmaron en mi vista.

Apenas soy capaz de reconocer alguna forma por encima del manto negro de la noche, mientras mis enemigos se alejan con cada pensamiento nublado de juicio por la tensión del momento, hasta que una ira recorre mis venas al ver que soy superado por la situación conforme mis acciones se tornaban lentas, algo que definitivamente no puedo permitirme considerando lo que está en riesgo. Pierdo el control por escasos momentos, y dejo que me guíe mi ira en falta de mejores opciones, y fuerzo un flujo tan espeso a través de mi brazalete que mis marcas chamuscan parte de mi piel, dejando ir un leve humo conforme se encienden como prueba de ello, y dejan recorrer una luz incandescente desde la punta de mis dedos hasta mi mirada fija en la nada. Es en ese exacto segundo en que pierdo la sensación del frío sobre mi piel y el dolor se convierte en una mera trivialidad, hasta que un salto logro sacudir toda la capa de nieve puesta sobre el carruaje e impulsarme a toda velocidad hasta el tronco más cercano, truco que continuo repitiendo sobre cada plataforma en que poso mis botas hasta considerarme lo suficientemente cerca de mis objetivos. Y al estar sobre ellos, disparo dos proyectiles de forma simultánea, uno menor hacia los cielos como faro para avisar al resto de la tribu de mi posición actual, y un secundario que buscaría aturdir o incapacitar a mis enemigos, o en el peor de los casos, iniciar una pelea que intentaría mantener hasta que llegaran lo demás.

—¡Justo sobre ustedes! —Exclamo mientras desciendo lentamente en dirección a un tronco cercano, en que mi impacto trajo consigo hacia el suelo parte de su corteza e inclinó su base hasta chocar con las ramas cercanas, siendo el último lugar en que me apoyaría para darme impulso en dirección al suelo con cierta brusquedad, deslizarme sobre la gruesa capa nieve para amortiguar y aterrizar finalmente sobre mis rodillas, dejando como único testigo de mi presencia al sonido de la madera al romperse repetidas veces. En ese simple manojo de acciones tengo mucho cuidado de distanciar un par de metros del lugar en que explotó mi proyectil y de mi trayectoria de caída original, viendo como la luz de mis ataques apenas es capaz de revelar a mis enemigos ocultos en la oscuridad, dispersos sobre la nieve, en conjunto a su trabajo distractor mientras analizaba su número, su apariencia, su posición y detallaba al único que llevaba a una chica llena de grilletes, cadenas y una mordaza.

Al comenzar a disminuir la luz de aquella explosión, el faro y el brillo de mi brazo pierde su fulgor lentamente, lo que hunde mi vista nuevamente en la oscuridad, hasta que en medio de la penumbra no quedan más luces que mi ojo y los puntos brillantes de color amarillo en que se habían convertido los ojos enemigos, algo que noto solo al verlos de frente por primera vez esa noche. Durante breves momentos todos nos mantuvimos inertes como pequeños faros sostenidos en la nada bailando en conjunto a la mirada, que hacían lo posible por ocultarse entre los árboles y la nieve que cargaba el viento mientras se movían en la oscuridad, hasta que ambas fuentes de luz igual de distantes desaparecieron en el segundo en que mi ojo se apagó. No puedo verlos, pero estoy completamente seguro de que mis enemigos no han abandonado el lugar, siendo algo que percibo en el ambiente, uno en que el sonido es irregular, el olor a azufre impone presencia y la tensión no ha disminuido ni siquiera un poco. Casi puedo sentir que los tengo justo delante de mí y que están por dispararme entre las cejas si no me muevo, pero controlo cada arranque de adrenalina que se filtra en mis pensamientos, al punto de desmentir contra mí mismo que quiero correr con todas mis fuerzas, ya que solo depende de mí girarme a darles la cara, mientras los pasos de los míos se multiplican como el repiqueteo de las gotas de lluvia en las tinieblas de una profunda caverna.

“La oscuridad se está volviendo más densa cada segundo, y aunque no lo sienta, sé perfectamente que mi cuerpo se está entumeciendo, y esta tormenta no parece querer detenerse” —Es solo uno de muchos pensamientos entorpecidos por los fuertes golpes del entorno sobre mis sentidos agudizados por las circunstancias, mientras intento centrarme en ocultar mi silueta entre la nieve conforme me deslizo en total silencio entre los troncos y montones de hielo, distraído únicamente por la necesidad de ubicar a mis enemigos. Pero es tanta esa necesidad que olvido por completo que ellos también me están buscando a mí, hasta que un sonido que reconozco enseguida como el martillo de un arma al recargar pone mi atención a la izquierda, momento en que distingo una vez más la primera de aquellas figuras negras que se hicieron visibles por apenas milésimas de segundo en que el disparo fue hecho, cubriendo todo el ambiente de un destello amarillo tan efímero que atraviesa la nieve seguido de un último residuo de luz blanca hasta desvanecerse de vuelta —“Para cualquier otro esta hubiera sido una muerte instantánea” —Es un pensamiento fugaz, pero mi cuerpo está seguro de ello en el momento en que no siento la bala dentro de mí, seguido del olor a la tela quemada y el sonido del rasgado. Si no fuera por un golpe momentáneo de reflejo y suerte esa situación hubiera sido una de mis posibles muertes, pero mi capa cubre la mayor parte de mi verdadero físico, y el tirador no notó el errar de su disparo hasta que este es contestado por un puñetazo envuelto en un doble halo de luz azul, que termina por enviarlo a través de la nieve hasta un tronco cercano, donde termina por impactar con tanta fuerza que la madera se astilló ante su llegada, hasta que este puede tocar suelo con remanentes escasos de su consciencia.

Al saber que esa es una de las armas que vi antes, sé que no puedo darme el tiempo de que el enemigo tenga una segunda oportunidad, y formo los sellos necesarios sobre mis manos para crear una ráfaga constante de proyectiles azules que impactan con violencia sobre toda el área, conteniendo el fuego principalmente lejos de la zona en que vi el relucir de las cadenas a la luz de la luna. Las reacciones de las sombras al paso de mis proyectiles son gráciles pero inhumanas durante breves instantes, al punto de convencerme de que son sombras vivientes moviéndose entre las angostas líneas de oscuridad que deja entrever mi pequeña lluvia de proyectiles, hasta que un golpe furtivo va raudo en mi dirección desde la parte inferior de mis costillas, lo que reconozco como el hombre al que acababa de noquear por la luz que revelaba las grietas que había dejado aquel impacto sobre su máscara de cuervo —“Este desgraciado hijo de…” —Al notarlo tan cerca apenas tengo tiempo de reaccionar apropiadamente, pero la luz se apodera nuevamente de mis marcas y mi ojo izquierdo en un intento de reforzar mi estilo de combate corto, pero los intervalos de tiempo entre sus golpes son simplemente irreales, lo que me obligaba a conservar mi corazón calmo hasta el momento correcto, aprovechando cada golpe como si dependiera de recibirlos, encontrando la brecha que tanto buscaba en su patrón de cuatro golpes interrumpidos por apenas dos segundos.

“Uno. Dos. Tres. Cuatro…” —Los golpes no paran de impactar uno tras otro, y estoy seguro de que algo comenzará a fallarme tarde o temprano, ya fuera mi cuerpo o mi conciencia, que no aguantarían demasiado de aquellos golpes que se sienten más duros que el concreto mismo —“Uno. Dos. Tres. Cuatro…” —Pero tras aguantar tres rondas enteras, puedo calcular el momento exacto, y respondo con un paso en finta hacia la derecha para confundir la postura de mi enemigo por apenas segundos, para luego dar un golpe contundente a su hombro, enviándolo al suelo conforme me alejo de él, sabiendo por el sonido inmediato tras el impacto que he conseguido dislocarlo y romper el soporte base de su clavícula.

Mi victoria por otro lado, se mantiene exageradamente corta al ver un quinto golpe en mi dirección y verme obligado a esquivarlo con prisa, solo para detallar en el breve reflejo de la luna sobre la nieve a tres sombras arrojándose sobre mí con ataques simultáneos y coordinados, pero mi atención está puesta sobre el sonido de una cadena a la distancia perdida entre el bosque. En un intento desesperado doy un salto en finta nuevamente hacia adelante para impulsarme hacia el fondo del poco espacio que me separaba del enemigo, y luego correr hacia el único objetivo que realmente importaba, pero cuando me dispongo a hacerlo algo jala de mi capa y me arroja con fuerza hacia un tronco que no había notado tras de mí, mismo que representa el fin de ese combate al chocar mi cuerpo contra el muro negro que termina por cubrir mi vista. En ese momento, mientras mi conciencia se desvanece, pierdo la cuenta del número de golpes que he recibido esa noche entre los pasos que se acercan con prisa de los otros miembros de la tribu, y el sonido metálico de los eslabones chocando entre ellos, ahora muy débil como para ubicarlos en la oscuridad. Es mi propia consciencia al regresar repentinamente, en conjunto a los primeros rayos del sol de la mañana los que dan el último golpe que me faltaba recibir, momento en que noto que todo ha terminado en parte de un bosque convertido en ceniza y un miembro de mi familia que ya no está a mi lado, solo para darme cuenta de que he fracasado en mi misión de proteger a los míos, ya que como era de esperarse, no fui el líder que se suponía debía ser durante esa noche.

Es entonces que me encuentro a mí mismo tendido sobre las telas desordenadas de un campamento improvisado, mientras los miembros de la tribu hacen lo posible por recuperarse de la agresión que se había cometido contra nuestra gente, y deciden que hacer al respecto. Nuestras provisiones estaban intactas, y los valores mayores de la tribu se encontraban en su lugar; un alivio para los líderes y los conservadores, pero uno que no se siente merecido para mí cuando llega la idea de que ellos estaban buscando algo, y estoy convencido de que lo habían conseguido, pero esa actitud conformista que adoptaron los demás ante la pérdida simplemente no la puedo tolerar, mucho menos cuando en mis oídos aún resuenan aquellas cadenas alejándose de los nuestros. En el fondo, ya ni siquiera estoy pensando, pero un impulso viene a mí para apoyar mis manos sobre la nieve al asomar mi cuerpo un poco más lejos de aquel refugio apenas levantado, cuando llego repentino el sentir que había abandonado solo para descubrir que mi cuerpo está prácticamente envuelto en quemaduras, apenas cubiertas por varios vendajes que no había notado hasta ahora; solo otra de las muchas cosas que se habían esfumado ante mis sentidos entre la adrenalina, el miedo y la ira que me había consumido en la oscuridad. Y aun así, lo único que realmente cautiva mi atención mientras hago lo posible por ponerme de pie, es aquel rastro que dejaron sus pisadas en la nieve, guiando mi camino directamente hacia Noxus, territorio manchado ante los ojos de los nuestros, pero ahora siendo el único camino que estoy dispuesto a recorrer.

Pero al pensarlo detenidamente, estoy convencido de que no llegaré a ningún lugar en medio de días de tormenta en mi condición actual, y no hay dolor más profundo que una herida abierta perdida en el invierno. No paro de recordar lo que mi incompetencia había logrado, solo un pensamiento que me motiva a pensar que mi egoísmo se ha vuelto más fuerte que mi voluntad, y es que ¿Cómo no podría serlo si me estoy rindiendo antes de empezar? Estoy enojado conmigo mismo, pero una parte de mi está avanzando lentamente por el camino de aquellas huellas exponiéndome al frío una vez más, que comienza a golpear mi cuerpo lastimado con cada ligera brisa, dejando ver mi aliento lastimero como huella de mis pensamientos mientras me abro paso hacia el bosque. Apenas soy consciente de mis propias pisadas mientras mi alrededor se torna borroso ante mis ojos, no sé si mi vista comienza a traicionarme o son mis heridas las que me afligen, pero solo la veo a ella parada al final de ese camino esperando a que yo haga algo, pero ese pequeño consuelo se desvanece en el momento en que uno de mis maestros puso su mano en mi hombro. El trance se disipa igual de rápido que el recuerdo de aquella noche, para ver en él esa cara de juicio y seriedad que suele mantener todo el tiempo ante mis acciones, pero esta vez en realidad me molesta ver que parece cuestionar mi decisión, ya que por lo tensa que está su mano puedo jurar sin lugar a dudas que él definitivamente sabe lo que yo estoy pensando. Estoy listo para reaccionar a cualquier cosa que quisiera decir, pero después suspira como si no importara, y se ríe levemente antes de sacar un cuenco tallado en madera y regresar al campamento; durante ese escaso aliento en que doy por hecho que no va a interferir en mi camino mis metas están claras, pero apenas resuena el sonido de mi siguiente paso escucho su voz relajada pero profunda, y hasta cierto punto llena de melancolía.

—Sabes que no llegarás muy lejos si partes ahora, especialmente si intentas ir por el paso rocoso entre el bosque. Aunque sé perfectamente que no tengo que decírtelo, ni siquiera en tus peores días eres tan estúpido —Exclamo con un tono autoritario apenas palpable. No era necesario que él lo dijera, este no es un regaño de un maestro hacia su aprendiz. Esta es una advertencia.

—Entiendo a lo que te refieres. Conozco las rutas de estos bosques tanto como nuestros ancestros, y solo honró sus enseñanzas al recorrerlas —Respondo con cierta agresividad disimulada entre mis palabras, sinceramente no quiero tener esta conversación, y por como yo lo veo, justo ahora él no es más que un obstáculo que se atreve a ponerse en mi camino. Pero aun así, sé que mi mirada nunca sabe ocultar lo que siente mi corazón, y la ira que me consume se filtra a través de ella como una fuga.

—Bien, al menos tu juicio te salva de la ceguera de tus impulsos, o al menos en su mayor parte —Dice por encima de su sonrisa, mientras detalla las heridas que tengo pintadas sobre mi cuerpo, desde las quemaduras hasta mis marcas, como los errores que me definen mientras se mantengan en mi piel. Es su extraña forma de recalcar mis fallos, y a su vez reafirmaba con cada gesto aquella advertencia, desde su postura hasta el agarre de su mano, que no ha hecho más que intensificarse —Y si quieres mantenerlo así, deberías recuperarte primero, muchacho. La tribu tiene que arreglar muchas cosas por el altercado de anoche, así que puedo apostar a que no nos moveremos de esta posición en un buen par de días… Además, desde hace unas horas los cazadores de la tribu están dispersados en un radio de al menos veinte kilómetros, lo que significa que tarde o temprano encontraremos algo y lo capturaremos —Reclama de nuevo, y una vez más no es necesario que esas pequeñas fracciones de su ira se escapen en sus últimas palabras para darme la pista que buscaba. No se estaba refiriendo a los atacantes, claramente está insinuando que no podré irme aunque quiera. Él, por otro lado, no confirma nada, solo se ahoga en el líquido púrpura de su interminable cuenco, que comienza a extender su aroma repleto de agriedad por todo el lugar.

Ocultar lo que estoy pensando ya no tenía sentido, solo estoy retrasando lo inevitable —No sabemos nada de lo que pueda pasarle si esperamos a que suceda —Reclamo firme, con aquella agresividad que intenta aferrarse a mí desesperadamente, en el mismo segundo en que las luces de mi cuerpo comenzaron a reaccionar, y aunque mi magia comienza a soltarse sin control a mi alrededor, aquella esencia que había perdido es parte de mí una vez más durante ese instante —¡Yo estoy aquí sin hacer nada tanto como tú! Pero la diferencia es que yo si tengo la intención de hacer algo al respecto. Y aunque tenga que abrirme mi paso hasta Noxus a puñetazos, juro por mi orgullo y el de mi tribu que iré a buscarla —Grito con toda la fuerza que mi debilitado cuerpo me permite, y aunque sé que me ve como un idiota consumido por mí mismo, solo quiero sacarme este sentimiento de una vez por todas, y sentirme como yo mismo una vez más. Mis palabras quedan marcadas en el aire como en la corteza del tronco a mi lado, que quedó completamente destrozada ante el impacto de mis golpes enfurecidos, hasta que mi postura se ve afectada por la sensación que me alcanzó nuevamente y me forzó a sostener el dolor entre mis brazos —“Yo no… Yo no soy así… Yo no me siento así...” —Tras ese golpe, siento que mis pensamientos vuelven a ser claros una vez más. No suelo dejar que mis sentimientos se apoderen de mí de esa forma, no es algo que pueda permitirse un buen líder o un gran guerrero, y aun así… Aquí estoy, separado de mi maestro por menos de un tronco de distancia, ni siquiera noté el momento en que se alejó de mí.

Mis acciones no hacen más que traer decepción a la persona que debo ser, pero de todas las posibles respuestas que puedo esperar en ese momento, el único sonido que me sorprende es la risa descontrolada de mi propio maestro. La ira que había dejado ir se asomaba lentamente en mí, pero él solo siguió riendo, y no se detuvo hasta que me golpeo con aquella pregunta que no esperaba recibir de alguien que no fuera yo —¿Te has preguntado por qué te importa tanto esta vez? —Sus palabras me hacen dudar al punto de apagar el destello fulgurante de mis marcas para el final de aquella frase. Quiero contestar tan rápido como siempre suelo hacerlo, pero una dificultad que nunca antes había sentido entorpece mis pensamientos —Desde anoche lo único que has hecho es ponerte en situaciones que te lastiman constantemente, y aunque quieres pretender que ese eres tú, yo no recuerdo que uno de mis estudiantes fuera tan determinado a la derrota, mucho menos tu —Y ahí está una vez más, simplemente hay algo en sus palabras que hace que me moleste, pero no puedo negar que tiene razón, aunque no sé qué parte de mi quiere pensar que eso no es cierto. Mis estrategias, mis ataques, e incluso mis propias acciones, simplemente nada se siente como yo mismo ahora.

—Esta situación es diferente a todas las otras, algo que no he enfrentado antes, de hecho, ninguno de tus estudiantes lo ha hecho. Y si tanto dices saber ¿Qué crees que debo hacer? ¿Por qué Ishia no está aquí? —Cuestiono, pero a él tanto como a mí mismo, porque aunque quisiera mantener esta fachada que no reconozco en mi propio rostro, realmente quiero una respuesta a esa pregunta. Quiero sentir que sé quién soy y quién quiero ser, pero la piedra más pequeña me está haciendo perder todo el camino que he recorrido.

La espera se hace larga mientras mis pensamientos se vuelven cada vez más ruidosos, pero el tiempo se convierte en alivio. La nieve que cae sobre mi rostro ha pasado de ser aquel castigo inevitable a un consuelo que no quiero perder, al menos una cosa debe seguir siendo igual sin importar lo que suceda —No está en mis palabras la respuesta a esa pregunta, muchacho, o al menos, no más que en las tuyas propias. Eres el chico más inteligente que he tenido el placer de entrenar, pero también el más testarudo. Sé que sientes que estás nublado, pero sabes perfectamente que tu decisión como tu sendero te han sido conferidos desde hace mucho tiempo —Su respuesta se siente tan cómoda como los pensamientos que gobernaban mi mente, pero incorrecta en todos los sentidos con los que quiero contradecirla. Y aunque trató una y otra vez de convencerme de lo contrario, jamás me he sentido más contrariado en toda mi vida.

—Lo sé… O al menos creo saberlo, pero… —Sé que quiero diferir, con todas las escasas fuerzas que le quedan a mi mente. Quiero pensar, quiero decir, y quiero hacer mil cosas para evitar caer en el mismo ciclo estúpido en el que me encuentro, pero no sé cómo hacerlo ¿Era mi destino puesto en mi contra o siempre fue parte de él aceptar esta decisión?

—Recuerda que mi trabajo nunca se basó en ser tu maestro, parte de él es ser tu guía, así como los muchos que hemos depositado nuestras esperanzas en el futuro de nuestra gente. Tu eres especial Arknas, y aunque haya impedimentos en el camino, tu lugar esta con tu gente —La tensión que hace rato se había aglomerado sobre nosotros simplemente se esfuma en la nada, pero con ella un instinto igual de poderoso se había marchitado, y puedo jurar que con él una parte de mi había muerto y no quería aceptarlo.

—¡Ella también es uno de los míos! Como tú y como todos los otros. ¡Ella es igual de importante!… Y dices todo eso de la responsabilidad como si significara algo, pero me pides que deje a uno de los nuestros perderse sin hacer nada —Mi mente se divide entre la ira y la tristeza; el odio y el perdón; la determinación y la paciencia; la fuerza y la rendición. Quiero pensar que cada cosa que pienso no tiene por qué tener un opuesto, pero si tienen algo que los detiene de llegar a un veredicto. Sigo intentando encontrar la respuesta, pero siento que se aleja más cada vez que lo intento... Ya no sé qué hacer conmigo.

—Yo no te he pedido nada, solo te he recordado aquel centro que insistes en querer perder en contra de tus propias convicciones. Sé lo que sientes justo ahora, pero estás poniendo tus prioridades de la manera equivocada —Suspiro de una forma que logra romperme el corazón antes de que sus palabras me alcanzaran. Como el último aliento que no quieres soltar antes de morir en la batalla que te tomo una vida entera luchar —Ella es solo parte del camino que te ha tocado recorrer en la vía de tu destino, y una de las distracciones que debes ignorar hasta cumplir la meta que se te ha otorgado, pero no significa algo que debes abandonar —Cada palabra… Cada maldita palabra… Todas y cada una de ellas se sienten como el sonido de aquellos grilletes que dejé que se me fueran de entre los dedos.

—Si este es el camino correcto… ¿Por qué se siente tan mal? —Mi corazón… Es la única parte de mí que queda en pie frente a aquello que me atormenta cada vez más, ese destino del que tanto me enorgullecía ahora me golpea repetidas veces sin piedad. Ya no puedo pensar, y en gran parte tampoco puedo sentir, solo es una batalla más que siento que debo ganar, pero por esta vez y solo esta vez, no se trata de gloria o éxito, sino de justicia.

—Porque estas son las decisiones que nadie quiere tomar, pero las que los nuestros han afrontado durante generaciones —Exclama, pero lleno de una mirada firme y decidida por encima de la actitud con la que inició esta conversación —Son las decisiones que tú deberás estar listo para afrontar algún día. No sabes cuándo ni cómo será el destino, puede que el líder que te ha tocado ser sea requerido hoy o mañana, pero espero que estés preparado para entonces, así como espero que estés preparado ahora… —Reafirma su creencia en mí, pero no en la persona que está delante de él, sino en el líder nato que espera que sea. La figura que no estoy seguro de poder cumplir justo ahora.

—Yo… —No tengo palabras…

—Creo que no estoy siendo justo contigo ahora que tienes toda esa presión sobre ti y tanto en que pensar. Te recuperarás en tres días aproximadamente, quiero verte en mi carruaje para entonces y podremos hablar mejor. Haz lo que creas correcto, y si decides ir tras ella, no seré yo el que juzgue tus decisiones —Propone sin miramientos ni dudas, está disperso pero totalmente firme en cuanto a mi decisión se refiere, y no es hasta entonces que puede terminar el líquido que sobraba del cuenco de madera que carga en su mano, que comienza a consumirse hasta desaparecer en un polvo violeta luminiscente.

—No quiero esperar hasta entonces —Respondo sacando de la nada aquella firmeza que había perdido al verme enfrentado a mi destino, una que no esperaba recuperar en mucho tiempo.

—Recuerda que no tienes opción muchacho. Tu estado actual no te dejará hacer algo de todas formas —Dice confiado finalmente antes de irse, mientras saca de su largo abrigo marrón otro cuenco de madera idéntico al que se había desvanecido hace un momento.

El tiempo comienza a moverse por sí solo, y lo único que puedo hacer durante el pasar de las horas es ver el bastión inmortal en la distancia, como aquello que me llama conforme mi voluntad se quiebra en pedazos. Algo me dice que ella está ahí, y yo solo estoy haciendo lo posible por ignorarlo, mientras el resto se preocupa por aquello que no importa, o al menos así pasan los primeros días, hasta que noto que algunos de los Sonthia están utilizando pergaminos antiguos refiriéndose a la figura del oráculo, especialmente el maestro Ghegány, que está tan absorto del mundo en aquellas runas que olvida por completo mi presencia. ¿Y cómo no hacerlo? La mayor parte del tiempo estoy paseándome entre las ramas fuertes de los árboles secos, la manera más fácil de vigilar todo el campamento, y la única en que puedo evitar los sermones que no quiero oír en ese momento tras mi platica con el maestro Ghegány. No pasa mucho tiempo antes de que esos tres días perdieran su significado, desde mi vista son años los que se pierden conforme mis pensamientos se disipan, pero mi flujo muestra calmarse con cada momento en que me distraigo ligeramente de todo lo que ha pasado, aunque son esos pequeños mismos momentos en que noto que aquella noche se había vuelto mucho más que una mala experiencia para mí, se había convertido en el eje de mis fracasos, y su reflejo logra consumir cada paso que he dado hasta este punto.

Finalmente el día llega, y para entonces mis heridas sana gracias a la atención medicinal de muchos de mis congéneres, incluyendo a algunos de los más jóvenes que me visitaban en mi tienda ocasionalmente para animarme. Las tradiciones siguen en pie como ha sido siempre, y muchos de los cazadores se han unido a las festividades de la época debido a los nuevos miembros, algunos de ellos siendo bañados en la esencia del maná en mi camino al carruaje de mi maestro. Debo admitir que ver a la tribu tan unida y llena de alegría me da un sentimiento de calidez que no quiero abandonar, pero el toque frío del recuerdo de mi fracaso no hace más que ennegrecer todo lo que me rodeaba, tantas sonrisas y festejo cuando uno de los nuestros no está con nosotros no se sienten bien, y no quiero ser aquel que se los diga. Apuro el paso tanto como puedo hasta llegar al carruaje de mi maestro, colocado en el punto más alto de una colina cercana, donde él me espera sentado de forma apacible sobre el techo de lona que cubre la madera tallada con símbolos arcanos antiguos, propio de un historiador empedernido adicto a los descubrimientos de la tribu, aunque no fuera el detalle más destacable de esa tarde, al ver en él puesta la vestimenta ceremonial de las viejas tradiciones, con toda esa parafernalia de color azul diamante apagado y azul arándano en honor a su puesto de historiador, mucho antes de que nuestra tribu se definiera por el maná por encima de todas las cosas.

—Solo quiero preguntar ¿Por qué? —Fue la primera reacción que vino a mí al detallar su traje, lleno de aquellas líneas de ambos tonos de azul, adornadas con el clásico platinado tradicional de las joyas y metalistería de las técnicas más antiguas de nuestra tribu, incluyendo los grabados históricos del viejo Fréljord respecto a las tribus y los dioses mismos. Aunque mi expresión se conserva neutral al respecto, ya que ni siquiera estoy seguro de saber qué tradición está honrando.

—A diferencia de nuestro último encuentro, hoy es un día de enseñanza tradicional, ¿Y qué mejor que recordar una vieja historia para tal tipo de cita con el pasado? —Expresa con gesto y sonrisa cada palabra como si estuviera hablando con uno de los niños de la tribu alrededor de la fogata, mientras desciende de un salto hasta mí para abrir la puerta de su carruaje, y se coloca en ademán de bienvenida —Eres admitido entre los secretos de mi humilde morada joven aprendiz.

—¿De qué se trata todo esto maestro? —Pregunto rebosante de un carácter inquisitivo, que no va a saciarse con nada al ver que su carruaje desde adentro parece una gigantesca biblioteca que duplica o triplica el tamaño de la estructura vista desde afuera, siendo su carruaje uno de los más grandes de la tribu —¿Cómo es qué...?

—Te lo explicare todo una vez estemos dentro —Clama de inmediato, conforme levanta su cabeza levemente y desvela un ojo consumido por el color negro de la noche, y una iris de color violeta carente de pupila, que extiende betas del mismo color a través de su piel color almendra.

Estoy tan deseoso de respuestas que no le di importancia, pero ver su carruaje desde adentro por primera vez distrae mi mente por completo de todo lo demás, centrándome en detallar cada pequeño artículo antiguo o pila de libros desordenada que pudiera encontrar en mi camino, todos carentes de cuidado, rasgados, cubiertos de polvo y telarañas; aunque para ser honesto conmigo mismo, esa es una costumbre observativa que siempre me ha dominado. En un principio fue complicado descifrarlo, pero no tienes que ser un genio para reconocer al aroma nauseabundo que produce la magia ilusoria de un principiante, especialmente aquella que es generada de forma artificial, además de que el piso y las librerías expiden una neblina violeta que envuelve por completo el suelo del lugar. Nunca había visto las artes de este tipo de magia tan de cerca, y no quisiera tener que hacerlo en base a mi estilo de combate; por suerte suele ser la menos utilizada en gran parte de Runaterra por la dificultad que representa dominarla, pero no significa que no pueda llegar a ser una de las artes más peligrosas en manos de una maestro. La pregunta que se asoma en mi mente no para de resonar, ya que él quién y el tipo de magia no eran difíciles de descubrir, pero el porqué y el cómo siguen siendo un misterio para mí, hasta que el intento mediocre de una voz profunda y misteriosa logra sacarme de mis pensamientos.

—Supongo ya te habrás dado cuenta de mi pequeño truco. Generalmente sueles ser bastante perspicaz —Vocea mi maestro, mientras provoca el baile de la neblina a su alrededor con cada paso que da hasta que cierra su puerta, conforme hunde en oscuridad la ilusión de aquella vieja biblioteca hasta que termina por desvanecerse entre polvos luminiscentes. La penumbra se ve aplacada rápidamente por la luz violeta de las velas colocadas en las lámparas de aceite sobre los soportes de madera, para develar un santuario rebosante de información propio de un historiador. Una biblioteca mucho más organizada que el delirio de un antiguo lugar abandonado para el poco espacio que tiene en comparación, dominada por el color azul en todos sus tonos en conjunto al marrón en la cubierta de cada libro o repisa, alardeando de un cuidado casi obsesivo.

—Hay algo que me molesta ¿Cómo es todo esto posible? Ninguno de los miembros de la tribu domina la magia, solo la esencia y el maná —Cuestiono de inmediato ante la incertidumbre, ya que el dominio de las ramas de la magia es estrictamente regulado para los miembros de la tribu, incluso los de alto rango. El maná es reconocido por encima de todas las cosas, pero su modificación en manos de la magia es vista como un arte perteneciente a los seres superiores, y los humanos como invitados en las aguas del conocimiento de los supremos. Los más adeptos al maná han abandonado la posibilidad de convertirse en magos, y aunque suelen incitar a otros a seguir sus creencias y conectarse por completo con el maná, no niegan ese conocimiento a otros.

—Este es uno de los artículos perdidos del historiador que más admiro, y uno de los artefactos más valiosos del antiguo milenio —Expone detalladamente, mientras revela un cuenco pequeño tallado en madera, que reconozco de inmediato al hacer memoria de nuestra última conversación. Pero al verlo de cerca, puedo ver que este se encuentra cubierto de joyas en forma de runas antiguas color violeta, y tiene una cubierta de plata que simula las vertientes de una fuente —Beber de su jugo hará que reveles los secretos ocultos que desees del pasado, y alterar parte del presente a cambio de un alto precio.

—¿La ilusión de la biblioteca...? —Pregunto incesante.

—No era una ilusión, era un engaño a la historia misma, o al menos esa es la función que yo le di. La biblioteca que acabamos de atestiguar no era otra que la del historiador Kovua, nada más ni nada menos que el primero de su clase entre los nuestros hace generaciones, y como entenderás, uno de los más influyentes en los textos arcanos de Itshe en las bibliotecas perdidas en piedra gélida de Qiron —Interrumpe con un tono apagado que noto de inmediato. Nuestra tribu es muy estricta en cuanto a las reglas de los hallazgos históricos, y estoy seguro de que algo no está bien por cómo aprieta el cuenco entre sus manos. Lo noto en su mirada conforme el ojo morado y negro se desvanece lentamente dejando en su lugar un perpetuo blanco —Sin duda uno de los que atestiguo de primera mano la creación de aquel viejo ritual, y sin duda en sus textos estará lo que buscamos —Agrega finalmente conforme se separa de mi lado entre ademanes maravillados, y su mirada perdida en los cielos.

—¿Qué fue lo que...? —Pregunto nuevamente, dispuesto a llegar al fondo de esta equivocación, y tomar una decisión a favor de mi maestro si fuera necesario. Tal vez no sea agradable de pensar, pero sí hizo algo prohibido estoy seguro de que tiene una buena razón, y no puedo darle la espalda a uno de los guías que me vio crecer.

—Eso no tiene importancia ahora —Interrumpe autoritario, pero desvanecido en un aura de tristeza que lo envuelve, mientras acaricia el borde del cuenco hasta que enciende sobre sus manos un flujo de maná concentrado, que termina por consumir la madera del objeto en su intensidad hasta lograr que este se extinga junto con la luz singular del flujo —Además, no me queda mucho tiempo —Reclama de forma agresiva seguida de quejidos y una tos violenta, con un tono lastimero en lo profundo de su garganta, y un cuerpo tiritante que nunca había visto en él. Mis pensamientos comienzan a nublarse ante la situación al no ser capaz de entender lo que estaba pasando, pero puedo sentir esa presión en mi corazón que no ha hecho más que golpearme a lo largo de estos días —Dime muchacho ¿Recuerdas la primera lección que te enseñó tu padre durante tu entrenamiento como guerrero? —En él puedo sentir algo que se derrumba conforme el reflejo de la luz abandona sus ojos, pero su pregunta me trae de nuevo a la realidad.

—Hay muchas cosas que pueden ser olvidadas, pero las lecciones se vuelven parte de ti como las personas que las dictan —Respondo firmemente a pesar de que puedo sentir que mi voz quiere quebrar en llanto, con la seriedad que se amerita una de las tradiciones más importantes del arte del guerrero entre los nuestros.

—Es el primero de los juramentos del guerrero en nuestra tribu —Reafirma mientras se distancia de mí, conforme rebusca con mucho cuidado a través de una grieta de polvo violeta sostenida sobre el aire delante de los sellos que formó frente a él. Apenas puedo verla, pero de ella solo se filtra la lobreguez del abandono y el polvo, hasta que trae del otro lado un libro de cubierta marrón enmarcado en placas de oro, y repleto de rasguños que imitaban runas antiguas que no soy capaz de leer —Dilo para mi muchacho —Requisa mientras desempolva con sumo cuidado su nueva adquisición, que trata como un niño a un juguete conforme lo acerca a la mesa de su estudio.

—“Un guerrero siempre debe luchar con el cuerpo y el corazón. El día que pierda el cuerpo, se le honrara por el gran hombre que fue. Pero cuando pierda el corazón, nadie llorará su pérdida” —Exclamo con el orgullo de un verdadero guerrero, con el mismo tono y postura que mi padre hubiera querido de mí al usar las palabras que nuestros ancestros han pronunciado. Sin dudas o titubeos, como la promesa eterna a la tribu que jamás debe ser quebrada.

—Tu padre te enseñó bien —Asegura con la estima que había visto en él hacia mi padre tantas veces, mientras se ahoga en una risa estruendosa, digna de un anciano de la tribu en sus mejores tiempos. Pero impropia de su personalidad tranquila y el porte seguro y autoritario que suele mantener todo el tiempo.

—Eso no significa que sepa lo que debo hacer —Reclamo ante su insinuación de “conocimiento” con prisa, molesto ante sus palabras de grandeza y enseñanza, y mucho más ante la idea de no obtener la respuesta que busco. Entiendo lo que esas palabras significan para mis antepasados, del mismo modo que entiendo mi lugar en la tribu a partir de ellas, pero no entiendo cómo debo proceder como líder cuando mis defectos llevan al fracaso.

—Sé que estás confundido, pero si de verdad ese es el caso, significa que no entiendes lo que la lección significa para empezar —Expresa rebosante de una actitud de superioridad de un maestro hacia su alumno, que ante sus ojos era imprudente y lleno de una energía descarriada, mientras abre con decoro aquel antiguo libro.

—¡La respuesta a mi problema no está oculta en las enseñanzas de mi padre! —Grito dominado por una voluntad que hace lo posible por mantenerse junta, y en busca de la justicia que siente perdida entre los míos a los ojos de mi corazón, y en prueba ferviente de que mi juventud no es la causa de mi soberbia, ni que ésta controla mis acciones del mismo modo que lo hacen mis fracasos.

—¿Eso es lo que crees? —Clama victorioso mostrando una sonrisa por encima de su hombro, volteando su cabeza ligeramente en mi dirección, en la cual puede ver mi expresión de duda ante su pregunta. Aunque su mirada fija logra hacer que retroceda mi postura agresiva, al verme a mí mismo consumido por la imprudente ira que buscaba negar, y en gesto paciente de no querer recaer en sus fauces nuevamente —Puedo ver que sabes que sí, solo que no quieres aceptar la pérdida como parte de tu camino, de hecho nadie nunca quiere hacerlo. Sé que no quieres escuchar que te digan que no debes hacer nada por tu amiga, pero quisiera que escucharas una historia.

Busco la repisa abarrotada de libros más cercana y me apoyo sobre ella, dejando que mi mirada fuera lo único que dijera lo molesto que estoy al verme obligado a pasar por esto de nuevo, pero al menos debo darle una oportunidad de explicarse… Por sus palabras puede que sea la última —Bueno, ya estoy aquí ¿De qué querías hablar? —Pregunto con el mayor respeto que mi ira me permite en ese momento, dispuesto a escuchar como no debo hacer lo que mi corazón siente correcto porque debo pensar primero en mi gente, sin importar lo hipócrita que sea eso para Ishia.

—Veo que tu fe se ha desvanecido con los eventos recientes, pero te tengo una pregunta importante: ¿Crees en los cuentos del destino? —Pregunta conforme se acerca a mí, portando entre ambos brazos aquel enorme libro que despide neblina violeta desde su interior, mientras destaca en mi mirada la aparición repentina de mechones blanquecinos en su cabello.

—Estoy destinado a ser el líder de los Sonthia. ¿Eso no me convierte en una prueba viviente del destino o algo así? —Reclamo en una pregunta retórica mal hablada desviando la mirada de él tanto como pudiera, intentando conservar una actitud calmada que no hace menos que despedir ataques de ira y tristeza en contra de las creencias de mis ancestros, y aunque sé que es irrespetuoso hacia los valores de la tribu, en este momento no siento que eso sea lo que debe afectarme.

—¡Precisamente muchacho! —Exclama con un repentino júbilo que logra sorprenderme por un momento —Sin embargo, solo conoces la primera pieza de la historia, pero no entiendes los roles que juegan las otras —Explica calmadamente conforme coloca el libro sobre el escritorio que está a mi lado, mientras imita los sellos rúnicos sobre sus páginas entre sus dedos, y salpica tierra sagrada de los antiguos rituales hacia los grandes dioses en señal de presencia física y espiritual de las antiguas usanzas, una de las tradiciones más viejas de la tribu para revelar señales ocultas y hacer honor a los dioses.

—¿A qué... te refieres...? —Pregunto con cierta inhibición mientras me acerco lentamente a mirar el contenido del libro, para ver entre sus páginas una figura reconocida de las viejas épocas, posando sobre sus rodillas en plegaria hacia los cielos, cubierto por completo de marcas brillantes al igual que sus dos ojos conforme es elevado por un brillo azulado que lo rodea —Estas figuras son demasiado antiguas… Pero ese soy… ¿yo? —Interrogo sorprendido al ver en aquella figura simbólica las mismas marcas que se encuentran en mi piel, y la ropa que confinó para mí la madre de mi sangre.

—Sé perfectamente que no entiendes las runas antiguas del mismo modo que yo. De hecho, no espero que lo hagas, y aun así note que lo intentaste —Dice clamante de un tono pícaro que logra molestarme un poco, especialmente porque tiene razón —Esta página habla del décimo portador de la figura del liderazgo, que llevará la tribu a un nuevo comienzo marcado por sus fracasos, pero erigido sobre sus virtudes. Ese mi querido alumno es un puesto digno de un líder tribu de gran importancia, uno que sé perfectamente que ocuparás algún día —Explica con mucho detalle mientras apunta a aquellos textos ininteligibles ante mis ojos, mientras afirma con su dedo la runa exacta conforme avanzaban sus palabras.

—¿A qué se refiere con el décimo portador del liderazgo? —Fue una pregunta instintiva que no puedo contener dentro de mí, con mi maestro como única persona capaz de saciar la curiosidad imparable que recorre mis venas por primera vez.

—Se refiere a una de las figuras de los llamados portadores del destino o los caminantes del sendero. Se han creado y moldeado muchas de ellas en torno a un ritual muy antiguo de la tribu, pero se sabe que siempre se han repetido ante la aparición de un gran cambio por venir —Expone conforme pasa las páginas que ilustran su explicación de aquella antigua creencia, desde su origen ritual creado por los primeros miembros de una tribu apenas formada hasta la actualidad. Mi atención a aquel relato ante mi curiosidad no pierde su fuerza, pero mi vista por otro lado solo se encuentra posada sobre su piel, que no para de tornarse cada vez más pálida, y los temblores se tornan más frecuentes, al punto de forzar su voz para completar cada palabra que sale de su boca.

“Maestro…” —Tengo tantas cosas que decir y tan poco tiempo.

—Tu camino será definido por el aprendizaje, pero la oráculo siempre es perseguida por sus desgracias antes de acompañar a los otros portadores. Esa es la historia que no ha parado de repetirse a lo largo de tantas generaciones, y es ciertamente una que quieres evitar ¿No es así? —Continúa mientras hace lo posible por mantener cada palabra igual de comprensible que la anterior, y aunque su voz se destroza con cada pequeño esfuerzo, nunca considera detenerse. No tendría la oportunidad de decírmelo, pero una parte de mí sabe que lo hace por el camino que estoy dispuesto a elegir, y no puedo permitirme arruinar todo el esfuerzo que está haciendo por mí —Lo que he hecho puede traer repercusiones catastróficas, pero las piezas finalmente han sido liberadas de su destino, aunque eso no es lo que debe importarte ahora muchacho… —Explica, mientras la voz que le queda comienza a perder sus tonos, hasta que repentinamente pone su mano en mi hombro —Arknas...

—Sí, maestro Ghegány —Contesto de inmediato al ver que repentinamente busca verme directo a los ojos, solo para notar que ambos se han tornado grises como la ceniza mientras hacen lo posible por mantenerse abiertos. Su postura apenas se mantiene recta sostenida sobre su escritorio, hasta tropezar sobre mis brazos y aferrarse a mí con un abrazo que respondí sin dudar.

—Sé que esto no es lo que quieres oír, pero el curso que se les ha conferido ya estaba marcado… Puede que lo que yo hice cambie eso… Pero nunca olvides las enseñanzas de la tribu, siempre te ayudarán cuando más las necesites... —Su voz apenas es identificable entre retazos interrumpidos de tos y dolor, y su agarre se mantiene tan fuerte como siempre lo había reconocido sobre mi hombro derecho, hasta que dejo de sentir su peso sobre mi cuerpo.

—Yo...

—Debes buscar al portador del heroísmo cuando llegue el momento Arknas... Yo solo te di la oportunidad de escribir tu destino, pero queda en ti darle al mundo un futuro brillante… Uno con esperanza —Susurra finalmente con la poca fuerza que le queda; palabras que atesoro en mi pecho como la última lección de un buen maestro, un gran guía, y un amigo. Aprieto con fuerza entre mis brazos los fragmentos del alma que aún destellan en su cuerpo moribundo, hasta que su figura se ve consumida por el color del polvo gris que lentamente inunda nuestro alrededor como la bruma, y se desvanece entre mis brazos dejando el vacío en su lugar. La poca luz que se filtra a través de las velas de su carruaje es mi única compañía, que termina por extinguirse ante el dominio de un viento frío que golpea con fuerza mi corazón y me deja solo en la oscuridad.

—Te quiero mucho maestro…

Me mantengo estático envuelto en las sombras con mi mirada fija en mis manos, observando como los remanentes de polvo se esparcen sobre la superficie de madera y conservaban parte de sí sobre mis guantes, que pese a mis intentos de control insisten en temblar ante la tristeza que me asola. No tengo la fuerza que se necesita para aguantar lo que siento, pero no derramo ni una sola lágrima, solo hago lo posible por mantenerme de pie a pesar de todo el dolor que aflige el camino que me veo obligado a elegir, y sin la voluntad necesaria para recorrerlo no tengo ni idea de que debo hacer, solo tengo un montón de pensamientos en mi cabeza que están peleando con los pocos sentimientos que quedan en mi corazón. Puedo sentir como mi cuerpo desea perderse a sí mismo, hasta que mi cabeza da a parar mi mirada sobre aquel libro que quedó abierto en la página de mi figura, mientras sus letras brillan en un tono azul singular que fuerza las luces de mis marcas a brillar, lo que siento inmediatamente como una señal que mi maestro había dejado para mí. Tomo el libro y uno de los bolsos de viajero que descansan sobre su escritorio, y me dispongo a partir hacia el bastión inmortal, no sin antes dejar uno de los sellos de mi capa sobre el escritorio desolado, y encender una pequeña vela a su lado como despedida.

Al abrir la puerta me veo golpeado por la luz de los rayos de sol de la tarde, obligándome a cubrir mis ojos con uno de mis brazos, pero cuando esta se apacigua, me veo maravillado una vez más por la felicidad que rebosa entre los míos en medio del festival de bienvenida. Los niños corren alegres jugando unos con otros entre la nieve fresca y soltando sus risas a carcajadas, mientras sus padres se divierten hablando con aquellos que consideran su familia, acompañado de la música tradicional de varios instrumentos que tocan sus notas al son de la nieve que cae sobre todos nosotros. Todos están unidos ante la luz del sol, y aunque en el fondo puedo sentir que el dolor de la pérdida les afecta, se mantienen las sonrisas de la tribu y los valores en alto, mientras mi padre hace un ademán de llamado al verme desde lejos en soledad, y haciendo que vea aquello que hace momentos me parecía tan equivocado con ojos llenos de esperanza, los mismos que usare para guiar a los míos algún día. Sé bien que debo luchar por aquellos de los nuestros que están en la oscuridad, aquellos que están dispuestos a sacrificarlo todo porque unos pocos puedan tocar la luz del sol, pero al estar aquí viendo mi tribu como es realmente en su corazón, aprendo que si niego mi lugar no llegaré a ningún lado.

Una leve risa se me escapa conforme camino hacia mi familia. Y aunque tengo malas noticias, sé que seguiremos adelante —Tenías razón maestro, todavía no había entendido el juramento —Afirmo a los cielos conforme dejo que mis ojos demostraran lo que oculta mi corazón, en una sola lágrima que promete un futuro mejor.

 

Y con ese pequeño viaje de palabras llenas de esperanza, espero que hayas visto a través de los ojos del corazón de un verdadero líder y el primer paso de su camino. Espero que todos hayan disfrutado mi relato y que estén listos para acompañarme en todas mis historias, del mismo modo en que yo me comprometo a acompañar a la comunidad con mis cuentos alrededor de la fogata. Apoyare con comentarios a todos los creadores de personajes que encuentre en mi camino, y espero que mi presencia los inspire a continuar a mi lado, de creador a creador los respeto mucho. 

Sobre aquello que se aproxima... "Los espíritus necesitan un cuerpo que los guié a través de la nieve" 

Y para todos los que están dispuestos a dar el primer paso, les doy un enorme GG, con cariño: El creador ❤️

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