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Escurridizo
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Más allá del alma de un héroe, Parte I - Historias de Runaterra - 003

¡Hola a todos del otro lado de la pantalla! Antes de entrar en el tema regular debo avisar que sigo con vida, no me alcanzo el virus que tiene aterrado a todo el mundo, porque soy inmune en secreto (Jua Jua Jua). Pero eso deja una pregunta ¿Dónde **** has estado todo este tiempo?.  Para responder a eso no puedo evitar pensar que es irónico que la primera publicación relacionada a este personaje estaba libre de responsabilidades, y si me tardé es porque era un personaje complicado de balancear y de trabajar en general, pero me encanto el resultado final. Con esta historia es lo mismo pero al revés, me sigue gustando el resultado final, pero me llovieron problemas personales de la vida como si no hubiera un mañana. Eso sí gente, les advierto que para compensar la tardanza les prepare una historia dramática, algo compleja para los que les agrada ese tono misterioso, y larga de lo que se dice larga y se dividirá en 2 partes aqui en el foro, así que si se la quieren tragar de una sentada les recomiendo minimo unas palomitas y un refresco. Pero de momento recuerden que si quieren seguir mi trabajo está la página de Facebook , también está mi DeviantArt y el correo oficial: leyendasanonimaslol@gmail.com.

Campeón: Áragoth, El guardián del rayo - Campeón - 003 

Créditos a Deadark1982

 

Reposaba mi cuerpo sobre las columnas agrietadas de aquellos avejentados templos llenos de recuerdos, estructuras que han atestiguado días mejores a manos de su antiguo dueño, y observan con cierta melancolía el porvenir al compararlo con un pasado que se torna más brillante con el pasar de cada día. Es un sentimiento que entiendo perfectamente, ya que he visto los mismos hábitos en mi mirada perdida sobre el horizonte, intentando ordenar los pensamientos de una mente que considero rota desde hace tiempo, o al menos distante, mientras pregunto a la nada repetidamente el motivo de la responsabilidad que descansa en mis hombros. ¿Y qué debe ser de los que llevan mi voluntad consigo? ¿Por qué sigo cumpliendo un deber que se siente cada vez más nublado en un alma que fluctúa constantemente? ¿Mi propósito alguna vez fue cumplido o solo es parte de un interminable ciclo del que no soy parte? Preguntas que sé con certeza que atormentarían el corazón de un hombre ajeno a mi estado, pero que solo pueden ser contestadas por un sentimiento que fue conferido y que no se puede explicar. Una esperanza que depende del corazón de aquel que esté dispuesto a cargar con ella, y las palabras ahora pérdidas de un hombre que le heredó sus pasos a lo largo de toda una vida.

Pero ese deber es algo que se vuelve abstracto lentamente, o se ha fragmentado de miles de formas diferentes al reposar en mi frágil interior, donde se convirtió en un concepto que llega a cortar la distancia que recorre mi vista a lo largo de aquella delgada línea de luz puesta sobre el horizonte, que me guía a ver gran parte de Jonia unida bajo la misma esperanza y saber que está condenada al verla. Pero más importante que ello, esa misma línea de luz termina por transportar mi mirada hacia mí mismo, y explorar lentamente las extendidas grietas de mi alma, donde terminó por encontrar el centro que estoy buscando. Una voz que nunca ha callado y un llamado que nunca duerme, esas son solo las pocas descripciones que cruzan mis pensamientos al recordar al joven que sigue merodeando en busca del camino correcto, no solo revelado ante él por alguien de mi confianza, sino oculto ante todos los demás que probaron no ser dignos de tal destino. Pero este juicio no se ha efectuado una sola vez, es similar al eco de las ondas en el lago del tiempo, dispuestas a encontrar algo que fue perdido en el conflicto y buscado por la única persona capaz de ver la delgada capa de la magia puesta sobre todos nosotros.

Y aun con todo eso, el pensamiento errático abruma el concepto y ahoga las almas de quienes lo siguen. Algo está mal… Y solo queda una respuesta…

—Despierta... —Rebotó en la nada una voz llena de una amarga compasión, una que trae consigo más culpas que buenos recuerdos de tiempos pasados.

Un joven joniano se encontraba tendido sobre un suelo de marfil tintado de un cremoso dorado vainilla, en que su piel morena destacaba en comparación a él, pese a que una luz se desprendía de su interior por encima de sus desatendidos vendajes, y las pocas ropas raídas que se mantenían ocultas debajo de un enorme poncho color habano desteñido, en conjunto a su ojo derecho que centelleaba al mismo ritmo singular del entorno, con un color dorado impropio de sí mismo. Este observó detenidamente su cuerpo en cuanto fue capaz de centrar su mirada y ordenar los pocos pensamientos que logró mantener sujetos, viendo entre delirios malformados los patrones de Áragoth fusionarse a su piel, que al entrar en contacto con su fulgor dorado se tornaba gris cual ceniza. 

Y pese al estrepitoso escándalo que colmaba su mente, su atención se sorprendía del simple hecho de verse consciente tras su último recuerdo. En él, revivía vívidamente el nacimiento de un halo de luz que trascendía el alcance de sus ojos, disparado de la runa que se encontraba entre sus manos, con su destello opacando el calmo tono del entorno, mientras el joven tomaba fuerzas para mantener la reliquia en dirección a los cielos. Entre sus dedos se encontraba la esperanza del mundo, y en su determinación entregó su vida y fe como tributo al guardián caído para traerlo de vuelta, dejando que su cuerpo se consumiera ante su luz. Después de eso debería estar el fin, pero solo quedó un brillo perpetuo que se conservó plasmado ante sus ojos.

—¿Dónde…? —Preguntaba atontadamente el joven que apenas podía conservar su consciencia en pie y sus recuerdos ordenados.

Antes de completar su frase, su vaga mirada se le había adelantado hasta divisar la silueta de un hombre palpando las paredes y revisando cada patrón que se encontrara en ellas, hasta que reaccionó sorpresivo al notar la repentina presencia del chico. Sin embargo, antes de hablar, la distancia entre ellos fue cortada en una breve caminata y un suspiro muy alargado —Debí haberte despertado cuando forcé mi entrada, me disculpo mucho por tal descuido de mi parte. Pero dime algo, ¿Te encuentras bien? —Preguntó de inmediato la voz que se encontraba delante de él, pero la mirada del chico se conservaba dispersa en otros detalles mientras se las arreglaba para levantarse, como el brillo natural de todas las superficies que lo rodeaban o el decorado tallado en cada una de ellas, como letras de fantasía que resquebrajaban el lenguaje tanto como podían para decir algo.

Su cuerpo se encontraba tembloroso y débil, pero extrañamente cómodo. Se sentirá liberado de todas las ataduras del dolor o la extenuación física, pero aun así debilitado ante una retumbante sensación —Siento como si nunca hubiera usado mi cuerpo antes —Exclamó para sí mismo, mientras se aferraba a una de las paredes para equilibrar sus temblorosas piernas y hacer un enorme esfuerzo para erguir su postura, fallando en gran medida con cada intento y volviendo a encontrarse en el suelo pocos segundos después —Siento que mi cuerpo está dormido, casi como estar en un sueño, aunque esto no se siente como uno…

—Técnicamente este ya no es tu cuerpo. Sin embargo, es algo que entiendo perfectamente —Interrumpió el hombre con un tono distante, mientras su figura desfasaba entre explosiones momentáneas de un intenso destello dorado, una ráfaga corrupta de luz a la que las paredes reaccionaban entre brillos y temblores, mostrando rostros incompletos que se conectaban con el choque enérgico de su aura. Demorando unos segundos antes de recomponer su forma y reincorporar sus palabras, en que se notaba un tono preocupado que buscaba ser distante —Pero esa no es razón para dejarte tendido en el suelo… ¿Quieres subir? —Exclamó la silueta, al extender su mano en dirección al joven, que lentamente detallaba con más claridad lo que sus ojos podían ver.

—Eso explica porque no siento nada, más allá de cansancio… Algo de agitación y lo que creo es entumecimiento. Pero tu cuerpo no es igual, parece… roto —Explicaba Proteo al extender su mano y lograr ponerse en pie, evidentemente asustado ante los ataques erráticos que sufría aquel hombre que le resultaba familiar a la vista, y algo preocupado de las respuestas violentas que tenía la estructura ante sus episodios. 

—“Roto” —Repitió entonces la silueta, con cierta consternación que se vio opacada lentamente por una risa preocupada que se ahogaba por sí sola  —Es una palabra interesante la que has elegido, pero no. Solo es el precio a pagar por romper las reglas. Tuve que esforzarme mucho para llegar hasta aquí, y no creo poder mantenerlo tanto tiempo —Explicó la figura, con sus ojos perdidos en la parte delantera de su muñeca, que parecía traerle memorias de tiempos que preferían ser olvidados. 

—No entiendo de qué ha… —Antes de completar su pregunta su mirada le ganó a sus pensamientos, en que el chico se vio mudo al detallar el aspecto del hombre que lo acompañaba, resaltando en su muñeca un grabado cicatrizado en su piel, haciendo referencia al emblema de la cruz de marfil del reinado de miles de años en el pasado. No solo se trataba de la muerte hecha presente ante su mirada, sino que su pálida piel construyó las marcas de patrón dorado del gran guardián al contacto de sus manos, en conjunto a la imagen flotante de un tercer ojo a forma de coronilla del mismo color celestial. Sin embargo, eran los detalles que antes se conservaban inadvertidos los que completaban la imagen de tan gran hombre, en su barba y mechones blanquecinos que se revelaban contra su pelo castaño oscuro, sus ojos empalidecidos de un extinguido color miel, y su vestimenta tradicional atiborrada de adornos de marfil y simbología de culturas ya olvidadas. Todo él recordaba a la historia de una figura tan grande que no podía ser ignorada por los pocos que la conocían —¿Usted no es… Morgan?

—En efecto, ese es quién soy —Aclamó en el instante en que reconoció esa mirada cautivada en los ojos de Proteo, dignos de un fanatismo que presenció alguna vez en los ojos de otro joven determinado —Aunque para ser franco, en esta situación eso solo es un decir —Se detuvo al terminar esa frase que se había escapado de su mente, repasando sus propias palabras y retornando la mirada al joven sorprendido apenas unos segundos después —Pero eso no es relevante por los momentos. Es un genuino placer conocerte Proteo, lástima que no sea en las mejores circunstancias —Exclamó diligente el extraño hombre mientras arremangaba sus prendas y extendía su mano en espera de una respuesta que tardaría en llegar, ya que el chico estaba maravillado por la presencia del primer mago de tiempos pasados, la voz de los aspectos de antaño, y su mayor ídolo frente a sus ojos, que hacían lo posible por distraerlo de las confusas palabras este le decía.

Su mente tardó unos segundos, pero finalmente reaccionó a su expresión y sus palabras lleno de una emoción que no pudo contener, apretó su mano con fuerza y admiración, pero no desvió la mirada de su tercer ojo y su rostro hasta que algo le hizo extrañarse —Espere… ¿Cómo es que sabe mi nombre exactamente? —Interrogó el joven al superar la impresión del momento y recordar la situación en que se encontraba —Además… Se supone usted está…

Su aspecto se vio corrompido por momentos, destellos que volaban por los aires como explosiones de sangre dorada que salía de su cuerpo, mientras Proteo hacía lo posible por completar su pregunta —¿Muerto? —Exclamó inmediato, a la vez que retiraba su mano y se giraba para dar su espalda al joven, conmocionado por una luz singular que tomó las líneas que cubrían su cuerpo y su tercer ojo por un segundo, mientras el apretaba con fuerza la muñeca en que se encontraba la marca de marfil, intentando ocultarla de la vista del mundo e incluso de sí mismo —Si algo he aprendido después de tantos años es que la muerte es solo una parte más de la vida —Respondió finalmente, no sin antes relajar la tensión de su cuerpo, tomar control del brillo que lo había consumido, y arreglar cualquier imperfección de su ropa una vez más —Además, fuiste tú el que me dijo tu nombre en otro tiempo, aunque creo que soy capaz de entender tu confusión —Expresó lleno de un orgullo inherente de sí, mientras reanudaba su caminar de vuelta a una de las paredes para tocar su relieve con mayor detalle, rebosante de la misma gracia de una lección forzada de un maestro a su “aprendiz” —Ya que no es cuestión de cómo, sino de cuándo y de quien pensabas que era sin saber mirar a través de una mala fachada.

Proteo conservaba un carácter distante, observando un dolor que se reflejaba en cada ápice de la imagen que se encontraba frente a él, perturbado por las grotescas formas que llegaba a alcanzar los fallos de su silueta —Sigo sin ser capaz de entenderle —Palabras que cortaron el complejo parloteo de su autoproclamado “maestro” y lo reemplazaron con un burdo silencio, que se alargó tanto que pasó de ser cómico a incómodo antes de que uno de los dos decidiera terminarlo. 

—No voy a mentir, eso fue decepcionante. Sin embargo, es necesario decirte que te equivocas —Regañó aquel hombre al repasar los pasos que dio alguna vez en sus recuerdos, algo desordenados, pero lo suficientemente hilados para trazar un sendero —¿No evoca en tu mente acaso la memoria de un espíritu singular que iluminó tu camino antes, tanto o más que como lo está haciendo ahora? —Preguntó Morgan en un acercamiento verbal directo y sin miramientos, mientras una sonrisa pícara demostraba lo mucho que disfrutaba el momento, como una revelación dramática que esperaba ser descubierta desde hacía tiempo.

—Entonces ese espíritu… ¿Siempre fue usted? —Se enunció entonces la gran pregunta, viendo a través de su mente el camino de todo su largo viaje, y viendo en las palabras aún no dadas por Morgan la respuesta evidente, develando el sendero que se había trazado entre ellos. Uno construido sobre sus decisiones, la guía de aquel extraño espíritu, y el corazón de un llamado que nunca puede ser callado —No puedo creer que seguí los pasos del gran Morgan, y ahora tengo el placer de conocerlo en persona —Festejo consigo mismo mientras hacía lo posible por contener su emoción.

—No exactamente —Interrumpió de manera sagaz la silueta, alzando su mano en señal de espera y deteniéndose en la pared que se encontraba —Aunque me fascinaría darte el gusto, no soy más que una réplica de la persona a la que evoca mi recuerdo —Aclaró el hombre, mientras intentaba no ver directamente la cara confundida del joven que se encontraba delante de él, que le provocaba un sentimiento de compasiva incomodidad desde la lejanía. Sin embargo, el hombre se dio la vuelta para ver directo a los ojos entristecidos de su joven acompañante —Disculpa que no sea el Morgan que esperabas conocer, pero la vida que decidí vivir me llevó a un final amargo… Igual que el resto de mi calaña —Expresó con pesar, recriminando sobre su propia carne la última parte, al sostener con una evidente ira contenida aquella muñeca que llevaba y llevaría por siempre la cruz de marfil. 

—Ese es… ¿Es el símbolo de los reyes? ¿De su familia? —Al acercarse lentamente, se veía capaz de palpar con sus preguntas el símbolo que se ocultaba debajo de aquella mano pálida como el hueso. 

El hombre dio un paso atrás y clavó su mirada en el curioso niño que ahora se encontraba ante su mirada. Durante un momento esto evocó en él un sentimiento que no deseaba, y en respuesta un reclamo vino a su voz —Disculpa que te vea de manera condescendiente por momentos al ocultarte mis tantas verdades, es solo una vieja costumbre que arrastro desde días mejores. Para alguien como yo que tanto ha vivido en la desconfianza, admito que me resulta imposible ignorar la tierna trivialidad del que se suponía fuera nuestro primer encuentro. A estas alturas casi cada palabra que has intercambiado conmigo es una pregunta, pero lo que me pesa es que todo eso es más culpa mía que tuya, y aunque quisiera, no puedo cambiarlo realmente —Expresaba Morgan entre retazos inacabados de seriedad, incomodidad y arrepentimiento.

—Lo siento por hacer tantas preguntas y entender tan poco, pero creo que eso no explica por qué está aquí —Expresó decaído Proteo conforme recomponía su cuerpo y tomaba aliento para comenzar a caminar.

—No te disculpes, el conocimiento no se cultiva en un día y ese solo es el primer paso para comenzar a encontrar las respuestas. Créeme, lo digo por experiencia —Dijo calmo, relajando la agitación de sus palabras y comenzando a caer en sí mismo una vez más —Áragoth conservaba consigo algo especial que tiene una parte de Morgan; el verdadero Morgan. Es eso lo que permite que simples anhelos de nostalgia del hombre que fui para él se conviertan en lo que soy ahora. Y aunque disfrute mi estadía y esta conversación tanto como el verdadero Morgan lo hubiera hecho, esas no son buenas noticias —Tras decir aquellas palabras, un aliento de tranquilidad recorrió aquellos pasillos, como una brisa serena y constante que le confirmaba que había hecho lo correcto. Y de cierta forma, el confesar su naturaleza le permitió estabilizar su forma de manera plena.

Proteo miraba en todas direcciones con cierta tristeza, pero entendía que este hombre no era quien él deseaba conocer, o al menos no era su verdadero ser. Pero antes de reaccionar a ello, algo de lo que dijo no paraba de resonar en su cabeza, hasta que una débil esperanza se encendió en su corazón —¡Espere un momento!, ¿Dónde estamos?! —Cuestiono nuevamente, aunque esta vez la curiosidad se vio aplacada al instante por un curioso sentimiento de culpa —Oh disculpe, tenía que evitar hacer más preguntas, ¿No es así? —Preguntó de nuevo, a lo que Morgan se giró y vio a su alrededor por una breve pausa antes de soltar un leve suspiro.

—Dejando de lado la redundante contradicción de tus últimas dos preguntas, de lo cual cabe aclarar que una lo es más que la otra —Reflexionó para sí mismo en voz alta, mientras palpaba las paredes y los patrones tallados en ellas —La respuesta a una de ellas de hecho es simple, nos encontramos dentro del alma de Áragoth —Reveló finalmente aquel hombre, mientras su mirada se perdía en el precioso cincelado arquitectónico del lugar, como un reflejo del que alguna vez fue su castillo vestido de los vientos del futuro y bañado en los rayos del sol —Sigo sorprendido de haber logrado abrirse paso hasta aquí sin perturbar más de lo debido, aunque me costó más tiempo del que esperaba… —Agregó finalmente, viendo directamente al joven que no paraba de sonreír desde hacía un tiempo. 

—¡Entonces sí funcionó! —Exclamó el chico, en un golpe instantáneo de una rebosante alegría, tanto y tan fuerte que logró hacer que olvidara su débil cuerpo y saltara por todos lados entre sonrisas y carcajadas —¡No puedo creer que funcionó! —Gritaba y gritaba, mientras Morgan se limitaba a admirar su felicidad desde lejos con una mirada repleta de orgullo, tal como la de un padre que observa a su pequeño hijo. Sin embargo, sus gestos no reflejaban sus pensamientos, y mientras él sentía la culpa ascender más y más su sonrisa comenzaba a decaer.

—Sí, lo lograste Proteo. Y sé que es incorrecto que sea yo el que lo diga, pero nadie más pudo haberlo hecho de no ser tú. Aun así, lamento mucho que tu sacrificio fuera necesario —Reafirmó Morgan a la par de una sonrisa apenas sostenida sobre su rostro, una que reflejaba algo roto y lleno de remendares vacíos. Pero estaba decidido, y más aún conforme se acercaba al chico nuevamente y detallaba en su ojo derecho la luz amarilla del guardián —Pero hay algo que lamento aún más, y es el decirte que tu trabajo aún no se ha terminado —Interrumpió abruptamente el momento y su propia sonrisa abandonó su rostro en pena, reemplazado por la verdad, que frenó en seco el tiempo que los rodeaba.

—¿A qué se refiere? —Preguntó el chico mientras su alegría comenzaba a apagarse, viendo directamente a los ojos de un hombre consumido por una culpa con la que ya no podía cargar. Todo visto a través de esa pequeña ventana de su mirada, llena de una seriedad que jamás había enfrentado en toda vida.

—Áragoth está muriendo lentamente, y su mente lo está traicionando cada vez más, incluso ahora mientras hablamos. Dentro de unos meses perderá el raciocinio, y tras unos años se quebrara su alma —Explicó Morgan detenidamente, sin desviar la mirada bajo ninguna circunstancia y poniendo especial énfasis en cada palabra.

—Pero… Dijo que lo logre… ¿Por-Por qué pasaría algo así? —Preguntó el joven Proteo, para ser azotado poco después por una onda de luz intensa que hizo retumbar su cabeza tan fuerte que llevó sus manos a su cabello —¿Por qué duele tanto? —Gritaba tanto como el aliento de su pequeño cuerpo le permitía, ya que el ruido dentro de sí era tal que sentía que se quebrarían sus tímpanos, y su cuerpo los seguiría poco después —Sea lo que sea que haya hecho, por favor detenlo —Esa oración logró detener el corazón de un hombre, y dejar que su pecho se llenará de unas ganas de llorar tan agresivas que arrebataron su aliento en suspiros de tiempo tan cortos que difícil era decir que existieron. 

Sin embargo, su actitud y porte se mantuvieron inertes, y su manera de dirigirse al joven era distante y culpable a la vez —No es dolor… O al menos no el que conocemos los vivos —Explicó Morgan con una herida sedienta de compasión, viendo fijamente los movimientos erráticos del chico sin moverse en su auxilio. Después de todo, ¿Qué sentido tiene? Nada de lo que él pueda hacer lo ayudará realmente.

—¡Haga que se detenga! —Suplicaba el chico, conforme la luz de las marcas de su piel se hacía tan intensa que atravesaba la capa de tela de su ropa con su fulgor, y rompía partes de ésta en pequeños centelleos con el calor del sol, mostrando en aquella piel perfectamente lisa indicios de las mismas marcas amarillas que se encontraban sobre Morgan. Estas abrían su camino sobre el joven cuerpo de Proteo, que se retorcía entre molestias inacabables hasta arrodillarlo por completo… Y finalmente dejarlo inconsciente.

El silencio regresó una vez más, pero su presencia se había tornado tortuosa para cualquiera que la presenciara. Morgan no era capaz de decir algo ante aquello que él consideraba su propia obra, con una bestia de culpa a sus espaldas dispuesta a tomarlo entre sus fauces y el chico al borde de la muerte que no dejaba señales de consciencia. La impotencia llenaba el corazón de la figura borrosa de ese hombre iluminado por una luz que no se sentía merecida, especialmente ahora. Arrodillado sobre el suelo teñido del fulgor de mañana, con su luz que estaba supuesta a representar esperanza, se dejaba en evidencia la incompetencia de un hombre, que no puede hacer más que cerrar sus puños en cólera sobre sus rodillas ante un niño que sufre. 

Sin embargo, él sabía que podía arreglarlo si hacía las cosas bien solo una vez y destruía los caminos que su familia había edificado. Respiraba con fuerza viendo a su alrededor, buscando con la mirada el camino correcto entre aquellos deslumbrantes pasillos, y retomaba su compostura hasta lograr ponerse en alto, cargando consigo el cuerpo desfallecido del joven Proteo. Al tenerlo entre brazos atendía su ropa, arreglaba su pantalón, su poncho y las vendas que se encontraban sobre sus grises cabellos y extremidades, moviendo algunas de estas para cubrir su ojo color dorado, solo para notar que este no tenía zapatos o algo que cubriera sus pies. Reflejado en este chico él veía el reinado de los suyos, y las tantas cosas que las mentiras que fueron contadas habían provocado.

—La gente merece días mejores, eso fue lo que me dije a mi mismo en aquel entonces… Es lo que me hubiera gustado decirle a mi padre cuando tuve la oportunidad —Exclamó para sí mismo, con el único testigo de la nada misma y el joven que se encontraba en sus brazos, como prueba de que el camino que su familia había elegido solo ha causado separación y sufrimiento en el mundo.

—L-la…

Inmediatamente después, los susurros debilitados del chico comenzaron a recitar las palabras de una voz ajena a la suya, llenas de una esperanza propia de una historia mucho más antigua que él. Una creencia unida que fue creada por un solo hombre, pero que ha sido fortalecida por miles —No te esfuerces tanto, ya has hecho mucho hasta ahora Proteo —Respondió fríamente, mientras caminaba en búsqueda de una grieta con mucho cuidado, observando detenidamente cada pared que acompañaba su sendero.

—La gente tiene mejores días ahora… —Susurro finalmente, mientras sus pequeñas manos se aferraban con fuerza a la tela del traje de Morgan, quien al bajar la mirada se encontró con el ojo dorado del chico, que lograba trascender su luz a través de la tela descuidada de sus vendajes. Y en ella distinguía el genuino destello de la admiración como aquella que nunca esperó ver, ni en sus días de reinado cubiertos por el engaño, ni en sus días de escoria cubiertos de egoísmo —Gracias a usted… —Agregó poco después, demostrando en sus palabras una voz que no debe ser callada, y un llamado que nunca se permite dormir. Y fue entonces que Morgan lo entendió. Lo que tenía entre sus brazos era más grande que él, y aunque quisiera que fuera de otra forma, eso no podría cambiarlo ahora… Eso es lo que él había creado. El verdadero fruto de su legado. 

—¿Puedes caminar? —Preguntó Morgan, desviando la mirada al frente y manteniendo una estoica seriedad, pese a que su tono revelaba un joven llanto. Uno que buscaba ocultar tanto como le fuera posible y que se mantuvo en silencio ante el mundo, no solo ahora, sino desde hacía milenios.

—Creo que sí —Afirmó de inmediato el joven, saltando torpemente de los brazos de Morgan y pisando con firmeza, apenas preocupado del dolor de hacía un momento. Tal vez el joven no lo sabía en su juvenil caminar y su despreocupada aura, pero en sus hombros se encontraba un peso tan grande como el del guardián.

Y aun así, al verlo de pie, observó en el chico una contagiosa felicidad. Pero más que eso, una prueba de que la esperanza que Morgan tanto intentó defender seguía con vida —Tengo algo que buscar en medio de toda esta luz… Un recuerdo que es vital para nuestra misión —Externalizó Morgan de una manera que no había hecho en mucho tiempo. Con una confianza que solo un hombre había compartido con él, mirando fijamente al chico al que se encontraba cediéndole tal rareza —Y… Necesito que me acompañes una vez más Prome… Proteo… —Agregó poco después al ver nuevamente la mirada del joven, quien se detuvo en seco y se dirigió hacia él —Aun así, esta es una misión que preferiría hacer solo. No tienes que hacerlo si no quieres…

El chico se detuvo frente a él, extendió su mano hasta tomar la de Morgan y comenzó a caminar sin responder a sus palabras, llevando al hombre consigo con la fuerza de su sonrisa y su voluntad —Bueno, ¿Qué estamos esperando? —Exclamó mientras se disponía a encontrar el camino correcto que Morgan buscaba tan desesperadamente.

Mientras sus pasos creaban resonancia entre los preciosos cincelados, las paredes reaccionaban a su presencia de manera agresiva, mostrando en ellas el reflejo de recuerdos fragmentados de personas que alguna vez pusieron su fe en falacias que no fueron escuchadas, conforme las grietas apenas detectables en ellas comenzaban a acrecentarse con cada paso que daba el joven Proteo. En más de una oportunidad Morgan se aseguró de atraer la luz que venía de los escombros caídos a su propio cuerpo con sus conocimientos de la magia, protegiendo al chico de la influencia de tal energía, provocando un ligero desfase seguido de una explosión de luz que lograba desestabilizar su forma, aunque nunca llego a explicarle el motivo de tales acciones y buscaba impedir que cualquier palabra de ello fuera mencionada. 

Ante ellos las paredes se llenaban de voces y cantos, oraciones y plegarias que eran silenciadas lentamente conforme su brillo se debilitaba. Morgan seguía con sus manos el patrón de las paredes, deteniendo la estela de sus ojos en cada una de ellas, como si fuera capaz de entender sus palabras, mientras formaba ademanes desconocidos a los ojos del joven para cubrir las superficies de runas antiguas, como redes de luz que parecían envolver las grietas que se formaban y deformaban cada vez más. Al ver detenidamente sus patrones, se revelaban ante sus ojos siluetas de luz que se corrompían lentamente hasta desaparecer, mientras Morgan mantenía un silencio sepulcral ante sus gritos de sufrimiento, sin detener o alentar su caminar para regresarles la mirada. Después de todo, eso lo empeoraría. 

El joven intentaba ignorar los rostros malformados de las siluetas de luz, pero sus expresiones cada vez se tornaban más completas, mostrando gestos de dolor, sorpresa, decepción e ira. Todos sentimientos que parecían dirigidos a una sola fuente en que se acumulaba el verdadero sentir de todas esas caras perdidas: Odio —Hay cosas que no me ha dicho… —Exteriorizó dudoso de sus propias palabras, especialmente tras ver la reacción casi inmediata del hombre que apuró el paso tras ellas —¿Por qué el gran guardián se encuentra tan vacío? —Pregunto Proteo mostrando un interés motivado por un tema que sentía que le pertenece, ya que el silente paso de sus pisadas era celosamente acompañado de aquellos susurros interminables.

Morgan se detuvo completamente al escuchar esas palabras, no porque fuera una mala pregunta, sino porque recordó un recuerdo lejano lo azotó fríamente con algo… Más… —Lo que quieres saber es… Difícil de explicar, Proteo —Expulsó finalmente, aunque su pecho se llenaba de un sello que parecía difícil de romper, y su mente se volvía consciente de cuán culpable era en realidad — Yo…

Proteo pensó para sí mismo por un momento, viendo tras de sí el llamado inacabado de las profundas fisuras que se habían creado en los muros de aquel “castillo de luz”, en el que se escuchaba claramente algo más que simples lamentos aleatorios —Son ellos… ¿No es así?. Son las personas de su historia… De tu reino —Expuso el joven, sosteniendo con fuerza su pecho en espera de su respuesta. Una parte de sí mismo esperaba algo diferente, pero las viejas escrituras no podían equivocarse respecto al guardián y las tantas almas entregadas a él.

—Sí… Son ellos —Un nudo en su garganta desapareció en ese momento, solo para sentir cómo su culpa ataba una cuerda alrededor de su cuello, y de cierta forma lo sentía más que merecido. En ese momento él se veía a sí mismo dando sus disculpas a todos aquellos creyentes que confiaron en sus palabras, y sin importar que tantas excusas pudieran ser usadas para justificarse, él mejor que nadie sabía que de nada servían tales trucos. Después de todo ya esto ha sido escrito en la sangre de los suyos, siendo el mismo tipo de calamidad que edificó su familia en vida y que sigue existiendo gracias a los actos de sus hermanos y de sí mismo, viviendo en carne propia las mentiras en que se ha construido el legado de sus reinados. 

—Usted… Intentaba protegerlos… —Asesinó el poco silencio que sobraba sobre ese vacío escenario, con sus palabras afiladas intentaba tocar delicadamente un poco de compasión hacia la única persona de esta historia de guerra y sangre que decía no merecerla, ante las cual una parte de la culpa de aquel recuerdo de muerte dejó de torturar a Morgan para devolver parte de sí a la realidad, solo para cruzar una mirada agradecida con el chico que lo acompañaba.

—Sí, y falle de la peor forma posible —Replicó Morgan, para girarse de nuevo hacia el camino que había decidido recorrer, viendo fijamente el centro del abismo de oscuridad que había edificado en sus recuerdos, en que tantas y tantas voces repetían las últimas palabras de su pueblo, lleno de sonrisas de niños, madres y padres dispuestos a confiar en su voluntad… En su reinado. Y luego está él…

A su lado la pared comenzaba a destellar y crear refracciones de luz sostenidas sobre el aire, imitando celosamente los patrones de los murales del guardián. Con ellas se movía una voz cantora que se moldeaba a su figura entre pasos oníricos frente a Morgan y Proteo, siendo este último quien vio en ella una cara familiar. La luz que la precedía rememoraba la seda misma sobre su forma celestial, mientras se acercaba dulcemente al chico que derramaba  lágrimas al reconocer el rostro de su madre que ante él se presentaba. Ella se arrodillo grácilmente hasta alcanzar su rostro con el tacto de su delicada mano sobre su mejilla, y pese a ser solo un espectro lumínico, la conexión que tenían debía ser atesorada entre ambos con sonrisas y alegrías. Tras la mujer se formó con mucha más tardanza un anciano de ropa muy ceremoniosa, cargando a su costado dos largas tachi que colgaban de un cinturón, y reflejando en uno de sus ojos el mismo dorado que destacaba en los de Morgan. Este extraño hizo un acto de reverencia al inclinarse ligeramente ante el dueño de tan pura magia, y poniendo su mano sobre el joven Proteo y su madre, como una señal de despedida acompañada del armonioso canto de la figura femenina que ante ellos se había presentado.

Por momentos su voz parecía ser capaz de sembrar luz en el aire que los rodeaba, y con ella se sentían las notas que dibujaban sus cantares. Las grietas de las paredes comenzaban a retomar sus lugares perdidos, al igual que los rostros ya deshechos recobraban su sitio en sus debidos recuerdos. Los pasillos aparentaban oír sus notas, con su estructura siguiendo el compás de su presencia, forjando tras su partida una puerta sagrada que poseía el sello de la familia de Proteo: “La serpiente dorada de la luz”. Y sobre su arco, en una tabla colgante, se encontraba tallado el nombre del familiar “Bejhi”, máximo defensor de su casta y su legado durante tiempos difíciles, seguido de marcas prominentes que completaban el retrato de la bandera de su clan. 

La estructura destacaba su elaboración tradicional, pero era carente de forma posible de entrar. Solo los ojos de Proteo distinguieron la verdad posar en el centro de la insignia familiar, en que se encontraba un estuche negro que se camuflaba con el tercer ojo de la serpiente. En él reconocía la inconfundible katana de su padre, acompañada de una nota tintada de rojo y dorado escrita con simbología antigua, en que se leía con dificultad: “Solo el siguiente la ha de portar”. Al leer las palabras de sus antepasados, Proteo sintió un estremecimiento que recorría sus dedos, mientras acercaba su mano temerosa a la empuñadura que esperaba. Para su sorpresa la puerta se mostró dócil a su firme agarre, abriendo su paso en el momento en que el arma fue retirada de su apacible reposo, en que un soplo de aire llevó consigo el nombre de Proteo a sus adentros. 

 

"Los lazos que fueron rotos en el pasado pueden volver a unirse, sí la historia que se cuenta de ellos es la correcta en el presente..." 

Segunda parte: Más allá del alma de un héroe, Parte II - Historias de Runaterra - 003 

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